El cerebro no sabe olvidar

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la mente es insondable y se la compara con la profundidad del universo

En nuestro camino hacia el crecimiento personal y el bienestar emocional, a menudo nos preguntamos si es posible cambiar aspectos profundos de nuestra personalidad o hábitos arraigados. La buena noticia es que sí, nuestro cerebro tiene una capacidad asombrosa para transformarse, pero no porque olvide, sino porque sabe sustituir. En este artículo, exploraremos cómo funciona este proceso y qué necesitamos para lograr un cambio real y duradero en nuestro cerebro.

Tabla de Contenidos

El cerebro: entre la arcilla y el escultor

El cerebro con el que nacemos viene con ciertas predisposiciones, pero no está totalmente predeterminado. Podemos trabajar de manera consciente para modificar nuestra personalidad o hábitos, aunque no es un camino sencillo. La neurociencia nos muestra que el cerebro es mucho más agradecido y flexible de lo que solemos pensar.

Ramón y Cajal, considerado el padre de la neurociencia, dijo: «Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro.» Esta frase sintetiza la idea de que nuestro cerebro es como una arcilla maleable que podemos moldear con intención y propósito.

Mientras que la «arcilla» representa la estructura neuronal y los hábitos que hemos desarrollado, el «escultor» es nuestra capacidad voluntaria para cambiar esos hábitos y crear nuevas conexiones neuronales. Este juego constante entre la arcilla y el escultor determina cómo evolucionamos mentalmente.

Los hábitos: la fuerza de la arcilla en el cerebro

sentirte bine contigo mismo forma parte del empoderamiento

Una de las características más poderosas de nuestro cerebro es su apego a los hábitos. Cuando el cerebro se acostumbra a una forma de actuar, esa opción se vuelve la preferida y más fuerte dentro de nuestro abanico de posibilidades. Por eso, cambiar un hábito no es simplemente dejar de hacerlo; es necesario ofrecerle al cerebro una alternativa nueva y más fuerte.

Los griegos ya lo entendían bien: «No soy como soy, sino como estoy habituado a ser.» Por eso, intentar inhibir un comportamiento sin reemplazarlo por otro no funciona; de hecho, puede reforzarlo. Nuestro cerebro no sabe olvidar, sino sustituir, y para que un nuevo hábito reemplace al antiguo, debe tener un propósito claro y una intención firme.

¿Cómo sustituir un hábito automático?

Imaginemos que conocemos a alguien que se llama Nerea, pero un día nos dice que ahora prefiere que la llamemos Blanca. Nuestro cerebro, acostumbrado a llamarla Nerea, tenderá a seguir usando ese nombre porque es el circuito neuronal más fuerte. Sin embargo, si con intención y propósito repetimos el nuevo nombre muchas veces, el circuito de Blanca irá ganando fuerza hasta superar al de Nerea, y el antiguo hábito desaparecerá.

Este proceso de sustitución requiere observación consciente de uno mismo, reconocer cuándo surge el hábito antiguo y fortalecer activamente el nuevo. Solo así podemos esculpir nuestro cerebro y cambiar patrones que parecían inamovibles.

El cultivo de cualidades como el optimismo y la generosidad

Un estudio realizado conjuntamente por universidades en Inglaterra y Washington mostró que cualidades como el optimismo y la generosidad pueden cultivarse voluntariamente. Cuando se pidió a un grupo de personas que durante un mes eligieran conscientemente ser más generosas, se observaron cambios cerebrales en áreas relacionadas con el bienestar y la felicidad.

Este hallazgo es esperanzador porque significa que no estamos predeterminados a ser pesimistas o egoístas; podemos cultivar estas cualidades, aunque no nazcamos con ellas. Cultivar implica sembrar con intención, aceptar que no todo germina, pero que con perseverancia es muy probable que florezca.

La dificultad de estar con nosotros mismos y la mente divagante

En la vida moderna, es común sentirnos abrumados, con mil pensamientos y tareas en paralelo. Esta sobrecarga mental genera estrés y cansancio, y nos impide concentrarnos plenamente en lo que hacemos. Hipócrates ya advertía que antes de sanar a alguien, debemos preguntarle si está dispuesto a renunciar a aquello que le enferma, una reflexión que hoy resuena con fuerza en nuestra gestión emocional.

Un estudio de Harvard de 2012 reveló que el 47% del tiempo que estamos despiertos nuestra mente está divagando, es decir, haciendo una cosa pero pensando en otra. Esta mente divagante se asocia con menores niveles de felicidad, pues hace que incluso actividades neutras o agradables se perciban como menos placenteras.

El reto de controlar nuestros pensamientos

En un experimento sorprendente, se pidió a personas intentar controlar sus pensamientos sin distracciones externas. El promedio de tiempo que lograron mantener esta concentración fue de apenas seis minutos, y la mayoría describió la experiencia como desagradable. Muchas personas incluso se escondieron el móvil para evitar distracciones, lo que evidencia lo difícil que es estar con nosotros mismos y controlar nuestra mente voluntariamente.

Este desafío no es casualidad; el control de nuestra mente es complejo, pero aprender a gestionarla y a estar presentes en el momento actual se traduce en mayor bienestar y felicidad.

Atención plena: el camino hacia el bienestar

Una práctica que nos ayuda a entrenar esta capacidad es la atención plena o mindfulness. Consiste en entrenar voluntariamente nuestra mente para estar más atentos y presentes en lo que hacemos, reduciendo la mente divagante y mejorando nuestro estado emocional.

Los estudios científicos respaldan que la práctica constante de la atención plena modifica positivamente áreas cerebrales relacionadas con la regulación emocional y la reducción de ansiedad, incrementando así nuestro bienestar general.

Conclusión

El cerebro no sabe olvidar; sabe sustituir. Esta capacidad nos brinda la oportunidad de cambiar hábitos, actitudes y cualidades personales a través de la intención consciente y la perseverancia. Aunque el camino no es fácil, reconocer la complejidad y cultivar nuestra mente con paciencia y propósito permite esculpir un cerebro más saludable y una vida más plena.

Recordemos que el cambio real requiere observarnos, identificar hábitos nocivos y reemplazarlos activamente, cultivando cualidades positivas como el optimismo y la generosidad. Además, aprender a estar presentes y a gestionar nuestra mente es fundamental para nuestro bienestar en un mundo tan acelerado.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Es posible cambiar la personalidad con la neurociencia?

Sí, aunque nuestro cerebro tiene predisposiciones, podemos trabajar conscientemente para modificar hábitos y ciertos aspectos de la personalidad mediante la intención y la repetición de nuevas conductas.

¿Por qué el cerebro no puede olvidar, sino sustituir?

El cerebro fortalece circuitos neuronales con la repetición, por lo que para eliminar un hábito antiguo debe crear y fortalecer un nuevo circuito que compita y reemplace al anterior.

¿Cómo puedo empezar a cambiar un hábito automático?

Primero, observa cuándo surge el hábito antiguo. Luego, con intención y propósito, practica el nuevo hábito repetidamente hasta que se fortalezca y reemplace al anterior.

¿Qué papel juega la atención plena en el cambio cerebral?

La atención plena nos ayuda a estar presentes y conscientes de nuestros pensamientos y acciones, lo que facilita la observación y el control voluntario necesarios para cambiar hábitos y mejorar nuestro bienestar emocional.

¿Puedo cultivar cualidades como la generosidad y el optimismo?

Sí, estudios demuestran que estas cualidades pueden ser cultivadas mediante prácticas conscientes y voluntarias, generando cambios cerebrales que mejoran nuestra felicidad y bienestar.

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